Eileen Higgins asumió funciones como alcaldesa de Miami y en su primer discurso hizo un pedido al gobierno de Donald Trump: que el gobierno federal restablezca el Estatus de Protección Temporal (TPS) para los inmigrantes venezolanos en EE. UU.
El comunicado se dio una vez que se hiciera oficial la captura del dictador venezolano Nicolás Maduro a manos de fuerzas especiales: «La eliminación del Estatus de Protección Temporal (TPS) para los venezolanos a principios de este año fue imprudente. La inestabilidad que se vive hoy en Venezuela deja aún más claro que el país sigue siendo inseguro para el retorno de las personas. Nadie debería verse obligado a regresar al caos e incertidumbre».
Y continuó con: «Los venezolanos han forjado sus vidas aquí, han contribuido a nuestra comunidad y merecen la seguridad de permanecer aquí mientras su patria recupera la estabilidad. Esto no es solo una cuestión de política, sino una cuestión de dignidad humana y seguridad fundamentales».
Mientras tanto, desde temprano cientos se han ido congregando frente al Arepazo, un popular restaurante de Doral, una ciudad vecina de Miami donde más del 40% de los habitantes son de origen venezolano.
«Despertamos con la gran noticia de que por fin alguien había hecho justicia, y eso nos llenó de felicidad», dice Douglas Zarzalejo, un venezolano de 55 años que lleva 11 en Florida. «Ha comenzado la recuperación de nuestro país».
Muchos andan envueltos en banderas venezolanas, con ganas de cantar y de abrazarse tras el arresto del hombre al que culpan en gran parte del deterioro de Venezuela. Entre todos ellos, un joven ondea una pancarta con el mensaje «Trump was right about everything (Trump tenía razón en todo)».
En Doral, numerosos venezolanos alaban al presidente estadounidense, que anunció la captura de Maduro durante una operación en Caracas y su traslado a Estados Unidos, donde afrontará la justicia por cargos de narcotráfico y terrorismo.
«Trump va a pasar a la historia como el primer presidente que finalmente dio el frente a estos tipos corruptos que habían secuestrado a nuestro país», afirma Zarzalejo.
Frente al Arepazo, Liz Vivas llora al recordar a su marido, Wilmer Muñoz, un funcionario venezolano crítico con el gobierno de Maduro al que las autoridades hicieron desaparecer en julio de 2018, según denuncia.
«No sé nada de él y esto es una alegría muy grande. No lo pude enterrar, no lo pude ver, pero gracias a la caída de Maduro logró respirar un poquito. Siento que se hizo justicia», agrega esta venezolana de 39 años.
Poco después de las 11H00 locales, cuando Trump toma la palabra desde su residencia de Mar-a-Lago, a unos 110 km al norte de Doral, los centenares de venezolanos callan y se concentran en sus celulares para escuchar su intervención.
El presidente declara que Estados Unidos «gobernará» Venezuela hasta que haya una transición «pacífica» y enfría un poco el ánimo de los presentes cuando señala que su secretario de Estado, Marco Rubio, ha estado en contacto con la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez.
También siembra el desconcierto cuando añade que la líder opositora María Corina Machado, adorada entre la diáspora venezolana y fiel seguidora de Trump, «no cuenta con apoyo ni respeto dentro de su país».
Una declaración sorprendente ya que Washington y gran parte de la comunidad internacional sostienen que el verdadero ganador de las elecciones de 2024 fue el opositor Edmundo González -quien reemplazó a la inhabilitada Machado-, a pesar de que Maduro se proclamó vencedor.
«María Corina es nuestra presidenta. No tenemos otra representación si no es ella», dice, tajante, Liz Vivas.
Para algunos venezolanos de Florida, la incertidumbre sobre el futuro empaña un poco la euforia por la caída de Maduro.
«No sé qué va a pasar. Trump acaba de decir que la vicepresidenta (Delcy Rodríguez) es de él. Está loco. Todo el mundo quiere a María Corina», asegura Eleazar Morrison, un venezolano de 47 años. «Yo no confío en Trump, pero sí estoy súper agradecido», resume.
Raúl Chávez, un venezolano de Miami, quedó preocupado por el discurso del mandatario estadounidense.
«Es un sentimiento mezclado, realmente yo quiero la libertad de Venezuela, pero también quiero la independencia de Venezuela y esperamos que pueda haber una transición o un gobierno electo venezolano», afirma.





